El diagnóstico de Conagua es claro: de 31 puntos monitoreados en el río Zahuapan y la presa de Atlangatepec, 13 presentan contaminación y solo tres tienen buena calidad. Es la columna vertebral hidrológica del estado y está enferma.

La buena noticia es que hay recursos y voluntad declarada: más de 4 mil 500 millones de pesos anunciados para su saneamiento con apoyo federal, 178 inspecciones de la PROPAET desde 2022, convenios con ocho municipios para vigilar descargas.

Medir lo que importa

El riesgo de todo gran programa ambiental es contar obras en lugar de resultados. Una planta de tratamiento inaugurada que no opera, o que opera a medias, no limpia un río. Por eso proponemos una regla simple: que cada peso invertido se acompañe de indicadores públicos de calidad del agua, actualizados y por tramo, para que cualquier ciudadano pueda ver si el río mejora.

Corresponsabilidad

Las descargas industriales deben vigilarse con rigor —la clausura de una fundidora en San Pablo del Monte muestra que las denuncias funcionan—, pero también los municipios deben tratar sus aguas residuales y la ciudadanía dejar de usar barrancas como basureros.

El Zahuapan nos está cobrando décadas de descuido. Pagar esa cuenta es responsabilidad de todos; exigir que el pago se note, también.

Con información de El Periódico de Tlaxcala, Línea de Contraste, Alerta Vigilante.