Las cifras presentadas en la conferencia matutina del 13 de octubre son, sin matices, una buena noticia: Tlaxcala registró 89 víctimas de homicidio doloso entre enero y septiembre, el 0.7 por ciento del país, y redujo 6.3 por ciento su promedio diario. A nivel nacional, el promedio cayó más de la mitad en dos años.
Cada número es una vida que no se perdió. Conviene decirlo antes de cualquier «pero».
El pero
La seguridad que siente una familia no se mide solo en homicidios. En la misma semana, en la capital se reportó el robo de joyas y centenarios por un millón de pesos en San Gabriel Cuauhtla; en Calpulalpan se capturó a un hombre buscado por extorsión; en Cuapiaxtla un activista denunció abusos y cobros excesivos de la policía municipal. Son delitos y quejas que no cambian una gráfica nacional, pero sí la tranquilidad de una colonia.
También hay que leer los porcentajes con cuidado: en un estado con cifras absolutas bajas, pequeñas variaciones mueven mucho los porcentajes, hacia arriba o hacia abajo.
Qué pedir
Lo que corresponde ahora es transparencia fina: incidencia por municipio, tiempos de respuesta policial, carpetas de investigación que terminan en sentencia. Y policías municipales capacitadas, equipadas y vigiladas, como las once camionetas que Apizaco acaba de poner en la calle.
Celebrar la baja de homicidios es justo. Convertirla en argumento para dejar de exigir sería un error.
Con información de La Prensa de Tlaxcala, Sin Línea MX.









